Hablemos sobre el suicidio

El suicidio es un auténtico problema de salud pública. No es una enfermedad sino "una acción ligada al dolor" y, por lo tanto, prevenible. Las personas no quieren morirse sino dejar de sufrir. De ahí la importancia de acompañarlos para que ese dolor no les sobrepase.

El reto que plantea la desesperación del suicidio es encontrar otras maneras de resolver esos sentimientos que generan tanta angustia.

La falta de autocontrol y la inestabilidad emocional propia de esta etapa suponen de por sí un factor de riesgo de la conducta suicida, a los que se suman otros como sufrir bulling, la desesperanza, la soledad, la baja autoestima, situaciones de estrés académico o vivir en el seno de familias desestructuradas. Una depresión, puede arrastrar también a tomar una decisión letal.

El estado depresivo en menores no se manifiesta exactamente como en un adulto, puede provocar irritabilidad y no sólo tristeza. Los más pequeños cuando están deprimidos pueden exteriorizarlo con ciertas quejas físicas vagas, una expresión facial de decaimiento, pobre comunicación verbal o rabietas. La pérdida de interés en el juego o por el ocio en general, el negarse a ir al colegio, la fatiga, la hiperactividad, un bajo rendimiento escolar, disminución de peso, alteraciones de sueño, la pérdida de confianza o sentimiento de inferioridad pueden ser también señales de alerta.

¿Cómo podemos ayudar en esta situación?

Nuestro equipo de psicólogos del Complejo Hospitalario te dan algunas recomendaciones que debes tomar en cuenta:

  • Bríndales el soporte y validando sus emociones.
  • Dales acompañamiento.
  • Oriéntalos a buscar ayuda profesional.
  • Oriéntalos a encontrar un espacio donde se sienta seguro.
  • Oriéntalos a establecer una red de seguridad para esos momentos en que se encuentran en crisis.
  • Elabora una lista de personas con quien debe comunicarse si se presenta una crisis.
  • Pregúntales el por qué: los estudios demuestran que preguntas a las personas en riesgo si tienen pensamientos suicidas no aumenta los suicidios. De hecho, los estudios sugieren lo opuesto: que reconocer y hablar sobre el tema podría, realmente, reducir y no incrementar las ideas suicidas.

La familia y los amigos constituyen uno de los factores de protección más efectivos en la prevención de la conducta suicida, de ahí la necesidad de abordar este tema de forma sensible para que dejar a un lado la idea de que traicionan la confianza si cuentan que se ha dañado o tiene pensamientos suicidas. Hablar de ello con el orientador o con otro adulto no es traicionar la confianza, sino proteger a esa persona.

El secreto "es trabajar entre todos". Escuchar, conocer la realidad y abrir los "brazos a esa situación, a los chicos y a las familias". Hay que hacer que los casos afloren creando un clima de confianza y de buena comunicación.